El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes El misterio empezaba a cobrar forma, de la misma manera que las figuras se van viendo más claras cuando se levanta la niebla. Teníamos a aquella buena y piadosa dama, perseguida de un sitio a otro por un personaje siniestro e implacable. Ella tenía miedo de él, pues de lo contrario no habría huido de Lausana. Él había continuado persiguiéndola. Tarde o temprano, la alcanzaría. ¿Acaso la había alcanzado ya? ¿Era ése el secreto del prolongado silencio de la dama? ¿Podrían las buenas personas que ahora la acompañaban protegerla de la violencia o del chantaje? ¿Qué horrible propósito, qué siniestro designio se ocultaba tras aquella larga persecución? Ése era el problema que yo tenía que resolver.
Escribí a Holmes, explicándole con qué rapidez y seguridad había conseguido llegar al fondo del asunto. Como respuesta, recibí un telegrama solicitando una descripción de la oreja izquierda del doctor Shlessinger. El concepto que Holmes tenía del humor era bastante extraño, y en ocasiones podía resultar ofensivo, así que no tuve en cuenta aquella broma inoportuna. En realidad, ya me encontraba en Montpellier, en busca de la doncella Marie, cuando me llegó su mensaje.