El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes No tuve dificultad en localizar a la exsirvienta y enterarme de todo lo que ella podía contarme. Era una mujer muy leal, que sólo se había decidido a dejar a su señora porque estaba segura de que quedaba en buenas manos, y porque, de todos modos, su propio e inminente matrimonio hacía inevitable la separación. Me confesó con pena que, durante su estancia en Baden, su señora se había mostrado bastante irritable, e incluso había llegado a interrogarla una vez, como si dudase de su honradez, y que esto había hecho más fácil la separación, que de otro modo habría sido más dolorosa. Lady Frances le había dado cincuenta libras como regalo de bodas. Lo mismo que yo, Marie sentía una profunda desconfianza por el extraño que había hecho huir a su señora de Lausana. Ella misma le había visto, con sus propios ojos, agarrar a la señora por la muñeca con gran violencia durante aquel paseo a orillas del lago. Era un hombre feroz y terrible. Marie estaba convencida de que, por miedo a aquel hombre, lady Frances había aceptado regresar a Londres en compañía de los Shlessinger. La señora nunca le había dicho nada, pero ella estaba convencida, por muchas pequeñas señales que había advertido, de que lady Frances vivía en un constante estado de aprensión nerviosa. Hasta aquí habíamos llegado en la conversación cuando, de pronto, Marie saltó de su asiento, con el rostro contraído de sorpresa y miedo.