El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Ya que tanto le interesa saberlo, es una antigua niñera de mi esposa, llamada Rose Spender, a la que encontramos en la enfermerÃa del asilo para indigentes de Brixton. La trajimos aquÃ, avisamos al doctor Horsom, de Firbank Villas número 13 (procure aprenderse bien la dirección, señor Holmes), y la hemos atendido con cariño, como hacen los buenos cristianos. Falleció al tercer dÃa…; el certificado médico dice que de decadencia senil, pero, claro, ésa es sólo la opinión del médico y, naturalmente, usted sabe más que él. Encargamos el entierro y el funeral a Stimson & Co., de Kennington Road, que la enterrarán mañana por la mañana, a las ocho. ¿Encuentra algún fallo a todo esto, señor Holmes? Ha metido usted la pata, y más le valdrÃa reconocerlo. DarÃa cualquier cosa por tener una fotografÃa de la cara de asombro que ha puesto cuando levantó la tapa, esperando encontrar a lady Frances Carfax, y no encontró más que a una pobre anciana de noventa años.
A pesar de las burlas de su antagonista, la expresión de Holmes seguÃa tan impasible como siempre, pero sus puños apretados revelaban su intenso disgusto.
—Voy a registrar su casa —dijo.
—¿Conque sÃ, eh? —exclamó Peters al oÃr una voz de mujer y fuertes pisadas en el pasillo—. Eso ya lo veremos. Por aquÃ, agentes, hagan el favor. Estos hombres han entrado en mi casa por la fuerza y no logro hacer que se marchen. Ayúdenme a librarme de ellos.