El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes En la puerta aparecieron un sargento y un policÃa de uniforme. Holmes sacó una tarjeta de su cartera.
—Aquà tienen mi nombre y dirección. Y éste es mi amigo, el doctor Watson.
—Caramba, señor, le conocemos perfectamente —dijo el sargento—, pero no puede usted permanecer aquà sin una orden judicial.
—Desde luego que no. Me doy perfecta cuenta de ello.
—¡Deténganlo! —gritó Peters.
—Si llegara a hacer falta, ya sabemos dónde localizar a este caballero —dijo el sargento con aire pomposo—; pero usted tiene que irse, señor Holmes.
—SÃ, Watson, tendremos que irnos.
Un minuto más tarde estábamos de nuevo en la calle. Holmes seguÃa tan frÃo como siempre, pero yo estaba ardiendo de rabia y humillación. El sargento habÃa venido detrás de nosotros.
—Lo siento, señor Holmes, pero es la ley.
—Naturalmente, sargento. No podÃa usted hacer otra cosa.
—Supongo que tendrÃa usted buenas razones para estar allÃ. Si hay algo que yo pueda hacer…
—Una mujer ha desaparecido, sargento, y creemos que se encuentra en esa casa. Esperamos una orden de registro de un momento a otro.