El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes La patrona sentÃa por Holmes el más profundo respeto, y jamás se atrevÃa a meterse en su camino, por ofensivo que pudiera parecer su proceder. Incluso le tenÃa cariño, y es que Holmes trataba a las mujeres con una amabilidad y una cortesÃa extraordinarias. No le gustaban, y desconfiaba de ellas, pero siempre fue un adversario caballeroso. Asà pues, sabiendo que ella le profesaba un afecto sincero, presté la máxima atención a lo que me dijo un dÃa que vino a mi casa, durante el segundo año de mi vida de casado, para explicarme la triste condición a la que habÃa quedado reducido mi pobre amigo.
—Se está muriendo, doctor Watson —dijo—. Lleva tres dÃas cada vez peor, y no creo que pueda durar un dÃa más. No me dejó avisar a un médico. Esta mañana, cuando vi cómo se le marcaban los huesos de la cara y cómo me miraba con esos ojos enormes y brillantes, no he podido soportarlo más. «Con su permiso o sin él, señor Holmes, ahora mismo voy a buscar a un médico», le dije. «En ese caso, que sea Watson», dijo él. Yo no perderÃa ni un momento, doctor, si es que quiere llegar a verlo vivo.
Me quedé horrorizado, ya que no sabÃa nada de su enfermedad. No hace falta decir que salà disparado a por mi abrigo y mi sombrero. Mientras nos dirigÃamos a la casa, le pedà más detalles.