El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —¿Asà que no confÃa en mÃ?
—Como amigo, desde luego que sÃ. Pero los hechos son los hechos, Watson, y al fin y al cabo, usted no es más que un médico general, con experiencia muy limitada y un historial académico mediocre. Lamento tener que decir estas cosas, pero no me deja usted elección.
Aquello me hirió en lo más hondo.
—Ese comentario es indigno de usted, Holmes, y me demuestra bien a las claras en qué estado se encuentran sus nervios. Pero si no tiene confianza en mÃ, no le impondré mis servicios. PermÃtame avisar a Sir Jasper Meek, o a Penrose Fisher, o a cualquier otro de los mejores doctores de Londres. Pero alguien tiene que atenderle, y no hay más que decir. Si piensa que me voy a quedar aquà a verle morir, sin ayudarle ni traer a alguien que le ayude, se ha equivocado usted conmigo.
—Sé que tiene buena intención, Watson —dijo el enfermo, con una voz que estaba a mitad de camino entre un gemido y un sollozo—. ¿Voy a tener que demostrarle su propia ignorancia? ¿Qué sabe usted, por ejemplo, de la fiebre de Tapanuli? ¿Qué sabe de la podredumbre negra de Formosa?
—Jamás oà hablar de ninguna de las dos.