El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Lo mismo —dijo Holmes.
—¡Ah! ¿Reconoce los sÃntomas?
—Demasiado bien.
—Pues bien, no me sorprenderÃa, Holmes. No me sorprenderÃa que fuera lo mismo. Mala cosa para usted, si es asÃ. El pobre VÃctor murió en cuatro dÃas… con lo joven, fuerte y saludable que era. Desde luego, como usted dijo, resultaba muy sorprendente que fuera a contraer una extraña enfermedad asiática en pleno corazón de Londres… y, además, una enfermedad que yo habÃa estudiado tan a fondo. Una curiosa coincidencia, Holmes. Fue usted muy listo al observarlo, pero fue muy poco caritativo al sugerir que habÃa una relación de causa y efecto.
—Sé que usted lo hizo.
—¿Ah, conque lo sabe, eh? Pues no pudo demostrarlo. ¿Y qué le parece eso de ir difundiendo informes acusatorios contra mÃ, y luego venir arrastrándose a pedir ayuda en cuanto se encuentra en apuros? ¿Qué clase de juego es ése?
Oà la respiración ronca y trabajosa del enfermo.
—¡Deme el agua! —jadeó.
—Está usted muy cerca del final, amigo mÃo, pero no quiero que se muera sin haber hablado unas palabras con usted. Por eso le doy agua. Tenga, no la derrame. Ya está bien. ¿Entiende lo que le digo?
Holmes gimió.