El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —No era ninguna broma, como pronto comprobará a costa suya. ¡Estúpido! Se lo estaba buscando, y ahà lo tiene. ¿Quién le mandó cruzarse en mi camino? Si me hubiera dejado en paz, yo no le habrÃa hecho ningún daño.
—Ahora recuerdo —jadeó Holmes—. ¡El resorte! Me hizo sangre. La caja…, esa caja que hay en la mesa…
—¡Esa misma, por San Jorge! Y más vale que me la lleve en el bolsillo. Con esto desaparece su último vestigio de prueba. Pero ahora sabe la verdad, Holmes, y puede morir con el conocimiento de que yo le maté. SabÃa usted demasiado sobre la muerte de VÃctor Savage, asà que hice que la compartiese. Su final está ya muy cerca, Holmes. Voy a sentarme aquà a verle morir.
La voz de Holmes se habÃa ido reduciendo a un susurro casi inaudible.
—¿Qué dice? —preguntó Smith—. ¿Que abra más la llave de la luz de gas? Ah, las sombras empiezan a envolverle, ¿eh? SÃ, daré toda la luz, y asà podré verle mejor —cruzó la habitación y la luz se acentuó de pronto—. ¿Hay alguna otra cosilla que pueda hacer por usted, amigo mÃo?
—Una cerilla y un cigarrillo.