El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —¡Válgame Dios! —exclamó Holmes—. Me habÃa olvidado por completo de él. Querido Watson, le debo a usted mil excusas. ¡Mira que olvidárseme que estaba usted aquÃ! No hace falta que le presente al señor Culverton Smith, ya que tengo entendido que se conocieron ustedes esta misma tarde. ¿Tiene abajo el coche, inspector? Iré tras ustedes en cuanto me haya vestido. Quizá les sea de alguna utilidad en la comisarÃa.
—Jamás lo necesité tanto —dijo Holmes, mientras se reconfortaba con un vaso de clarete y unas galletas, al mismo tiempo que se aseaba—. Sin embargo, como usted sabe, soy hombre de hábitos irregulares, y este montaje me ha resultado menos penoso que a la mayorÃa. Era esencial impresionar a la señora Hudson y hacerla creer que todo era real, ya que ella era quien tenÃa que convencerle a usted, y usted, a su vez, tenÃa que convencerle a él. No estará ofendido, ¿eh, Watson? Ya sabe usted que entre sus muchos talentos no figura el del disimulo, y si usted hubiera compartido mi secreto, jamás habrÃa podido persuadir a Smith de la urgente necesidad de su presencia, que era el punto crucial de todo el plan. Conociendo su carácter vengativo, estaba segurÃsimo de que vendrÃa a contemplar el resultado de su obra.
—Pero ¿y su aspecto, Holmes? Ese rostro cadavérico…