El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Y podrÃamos añadir el asesinato frustrado de Sherlock Holmes —comentó mi amigo con una risita—. ¿Sabe, inspector? Para ahorrarle molestias a un inválido, el señor Culverton Smith ha tenido la bondad de hacer nuestra señal, abriendo él mismo la llave de la luz de gas. Por cierto, el detenido lleva en el bolsillo derecho de su chaqueta una cajita que serÃa mejor incautarle. Gracias. Si yo fuera usted, la manejarÃa con mucho cuidado. Déjela ahÃ. Puede ser importante en el juicio.
Hubo un movimiento súbito y un forcejeo, seguidos por un choque metálico y un grito de dolor.
—¡Lo único que conseguirá será hacerse daño! —dijo el inspector—. ¿Quiere estarse quieto de una vez? —Se oyó el chasquido de las esposas al cerrarse.
—¡Bonita trampa! —exclamó la voz chillona, en tono de burla—. Esto le llevará a usted al banquillo, Holmes, y no a mÃ. Me pidió que viniera aquà a curarle. Me dio lástima, y por eso vine. Y ahora, sin duda, querrá hacer creer que yo he dicho cualquier cosa que él quiera inventarse, y que corrobore sus disparatadas sospechas. Puede decir todas las mentiras que quiera, Holmes. Es su palabra contra la mÃa.