El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —¿Es posible que me lo pregunte, querido Watson? ¿Se imagina que no siento ningún respeto por su capacidad como médico? ¿Cómo iba yo a esperar que su agudo criterio aceptara un moribundo que, por muy débil que estuviese, no tenía fiebre ni el pulso alterado? A cuatro metros de distancia podía engañarle. Si no lo conseguía, ¿quién iba a traerme a Smith al alcance de mi mano? No, Watson, yo no tocaría esa caja. Si la mira de costado, verá por donde salta el resorte al abrirla, como el colmillo de una víbora. Me atrevería a decir que fue un artilugio como ése el que provocó la muerte del pobre Savage, que se interponía entre ese monstruo y una restitución de propiedades. Pero, como sabe, recibo una correspondencia muy variada, y siempre estoy un poco en guardia contra los paquetes que me llegan. No obstante, estaba seguro de que, si fingía que su plan había tenido éxito, podría arrancarle una confesión. Y he llevado a cabo esa simulación con la minuciosidad del verdadero artista. Gracias, Watson: tendrá usted que ayudarme a ponerme la chaqueta. Cuando hayamos terminado en la comisaría, creo que no nos vendría nada mal tomar algo nutritivo en Simpson’s.