El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —A mà no me duele nada pagar a Altamont. Trabaja de maravilla. Le pago muy bien, pero él entrega la mercancÃa, por decirlo con sus propias palabras. Además, no es ningún traidor. Le aseguro que el más pangermánico de nuestros prusianos es una tierna paloma en sus sentimientos hacia Inglaterra comparado con un verdadero fanático irlandés-americano.
—Ah, ¿asà que es un irlandés-americano?
—Si le oyera usted hablar, no lo pondrÃa en duda. Le aseguro que a veces me cuesta trabajo entenderlo. Parece que no sólo ha declarado la guerra al Rey de Inglaterra sino también al idioma inglés. ¿De verdad tiene usted que irse? Puede llegar en cualquier momento.
—No, lo siento, pero ya me he quedado demasiado tiempo. Le esperamos mañana a primera hora, y cuando ese código de señales haya pasado por la puertecita de la escalinata del duque de York, podrá usted poner un triunfal colofón en su hoja de servicios en Inglaterra. ¡Caramba! ¡Tokay!
El secretario señaló una botella con grueso precinto de lacre y cubierta de polvo, que se encontraba sobre una bandeja junto con dos copas.
—¿Puedo ofrecerle una copa antes de que se marche?
—No, gracias. Pero esto me huele a francachela.