El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Ya ve que no es tan fácil como usted pensaba. La mandé construir hace cuatro años. ¿Y a que no adivina qué palabra y qué números elegà como clave?
—Ni idea.
—Pues elegà la palabra «agosto» y la cifra 1914, precisamente la fecha actual.
El rostro del americano dio muestras de sorpresa y admiración.
—¡Caramba, qué tÃo más listo! ¡Eso es afinar!
—Pues sÃ; ya desde entonces, unos pocos de nosotros llegamos a pronosticar hasta la fecha. La fecha ha llegado, y mañana mismo por la mañana echo el cierre.
—Vale, pero también conmigo tendrá que ajustar cuentas. No voy a quedarme en este maldito paÃs más solo que la una. Tal como yo lo veo, en menos de una semana John Bull va a plantarse sobre sus patas traseras para liarse a zarpazos. PreferirÃa poder mirarlo desde el otro lado del charco.
—Pero usted es ciudadano americano.
—¿Y qué? También Jack James era ciudadano americano, y ahà lo tiene, cumpliendo condena en Portland. De poco vale decirle a la bofia inglesa que uno es ciudadano americano. «Aquà se cumplen las leyes y el orden británicos», le dirán. A propósito, amigo, y ya que hablamos de Jack James, se me ocurre que no hace usted gran cosa para proteger a sus hombres.