El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Preparando la mudanza, ¿eh? —comentó, mirando a su alrededor—. Oiga, amigo —añadió cuando sus ojos se posaron en la caja fuerte, cuya cortina habÃa quedado descorrida—, ¿no me irá a decir que guarda sus papeles en esa cosa?
—¿Por qué no?
—Pero oiga, si ese cacharro es como si estuviera abierto. ¡Y dicen que es usted todo un señor espÃa! Cualquier chorizo yanqui lo abrirÃa con un abrelatas. Si llego a saber que mis cartas iban a estar tiradas por ahà en un chisme como ése, a buenas horas iba yo a jugármela escribiéndole.
—Me gustarÃa ver a un ladrón intentando forzar esa caja fuerte —respondió Von Bork—. No hay herramienta que corte ese metal.
—¿Y la cerradura?
—Tampoco; es de doble combinación. ¿Sabe lo que es eso?
—Que me registren —respondió el americano.
—Pues significa que, para que la cerradura funcione, hace falta una palabra clave y un conjunto de números —se levantó para enseñarle un doble cÃrculo giratorio que rodeaba el ojo de la cerradura—. La rueda de fuera es para las letras, y la de dentro para los números.
—Vaya, vaya, qué fenómeno.