El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Si no supiera que es usted un hombre de confianza, Walters, esto que dice le costarÃa una sanción. Aunque hubiera sido el mismo diablo, un policÃa de servicio nunca debe dar gracias a Dios por no haber podido echarle el guante. Supongo que todo esto no habrá sido una visión o un ataque de nervios.
—Eso, al menos, es muy fácil de comprobar —dijo Holmes, encendiendo su linternita de bolsillo—. Sà —dijo tras una breve inspección del césped—. Yo dirÃa que es un zapato del número doce. Si el resto del cuerpo estaba en proporción al pie, tiene que tratarse de un gigante.
—¿Y qué ha sido de él?
—Parece haber atravesado los arbustos y salido a la carretera.
—Bien —dijo el inspector, con expresión seria y pensativa—. Quienquiera que haya sido, y buscara lo que buscara, por el momento se ha largado, y ahora tenemos asuntos más urgentes que atender. Señor Holmes, si le parece bien, voy a enseñarle la casa.