El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes Levantó la vela y alumbró un objeto extrañÃsimo, colocado sobre un aparador. Estaba tan arrugado, encogido y marchito que resultaba difÃcil decir qué podÃa haber sido. Sólo se notaba que era negro y coriáceo y que presentaba un cierto parecido con una figura humana de tamaño muy pequeño. Al principio creà que se trataba de un bebé de raza negra momificado. Pero luego me quedé con la duda de si era un animal o un ser humano. Una doble hilera de conchas blancas ceñÃa su cintura.
—Muy interesante, pero que muy interesante —dijo Holmes, contemplando la siniestra reliquia—. ¿Hay algo más?
Sin decir palabra, Baynes nos condujo hacia el fregadero y adelantó la vela. Estaba lleno con los restos de un ave blanca de gran tamaño, despedazada de manera salvaje y sin desplumar. Holmes señaló la cresta de la cabeza cortada.
—Un gallo blanco —dijo—. Esto es interesantÃsimo. Tenemos un caso curioso de verdad.
Pero el señor Baynes habÃa guardado para el final la exhibición más siniestra. Sacó de debajo del fregadero un cubo de cinc que contenÃa una cierta cantidad de sangre, y a continuación tomó de la mesa una fuente llena de trocitos de hueso chamuscado.
—Aquà han matado algo y luego lo han quemado. Rescatamos todos estos restos del fuego. Esta mañana hicimos venir a un médico, y dice que no son humanos.