El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —SÃ, señor: don Murillo, el Tigre de San Pedro —repitió Baynes—. Si se toma la molestia de consultarlo, señor Holmes, comprobará que los colores de San Pedro son el verde y el blanco, como se decÃa en la nota. Él se hacÃa llamar Henderson, pero yo le he seguido la pista a su paso por ParÃs, Roma, Madrid y Barcelona, donde llegó su barco en el 86. Desde entonces, le andan buscando para vengarse, pero hasta ahora no habÃan podido localizarlo.
—Lo descubrieron hace un año —dijo la señorita Burnet, que se habÃa incorporado y seguÃa con gran interés la conversación—. Ya se hizo un atentado contra su vida, pero algún espÃritu maligno le protegió. Y ahora, una vez más, ha sido el noble y caballeroso GarcÃa quien ha caÃdo, mientras el monstruo escapa sano y salvo. Pero vendrá otro, y luego otro, hasta que por fin se haga justicia; eso es tan seguro como que mañana saldrá el sol.
Mientras decÃa esto, apretaba sus delgadas manos y el odio hacÃa que su ya demacrado rostro se volviera aún más pálido.
—¿Pero cómo se vio usted metida en este asunto, señorita Burnet? —preguntó Holmes—. ¿Cómo es posible que una dama inglesa participe en semejante intriga asesina?