El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Me uní a ella porque no había en el mundo otra manera de hacer justicia. ¿Qué le importan a la justicia inglesa los ríos de sangre que corrieron hace años en San Pedro, o el barco cargado de tesoros que este hombre robó? Para ustedes, es como si se tratara de crímenes cometidos en otro planeta. Pero nosotros sabemos qué es eso. Hemos aprendido la verdad a fuerza de dolor y sufrimientos. Para nosotros, no existe en el infierno un demonio comparable a Juan Murillo, y no existirá paz en la vida mientras sus víctimas sigan pidiendo venganza.
—No dudo que fuera como usted dice —dijo Holmes—. He oído hablar de sus atrocidades. Pero ¿de qué manera le afectó a usted?
—Voy a explicárselo todo. La política de este canalla consistía en asesinar, con un pretexto u otro, a cualquiera que diera señales de poder llegar a convertirse en un rival peligroso. Mi marido…, porque mi verdadero nombre es señora de Víctor Durando…, mi marido, digo, era embajador de San Pedro en Londres. Allí me conoció y allí nos casamos. Jamás hubo en el mundo un hombre más noble. Por desgracia, Murillo oyó hablar de sus cualidades, le hizo llamar con algún pretexto y lo mandó fusilar. Sus propiedades fueron confiscadas, y yo me quedé en la ruina y con el corazón destrozado.