El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes »Entonces se produjo la caída del tirano, que escapó como ustedes han dicho. Pero todos aquéllos cuyas vidas había arruinado, cuyos seres más queridos habían sufrido la tortura y la muerte a sus manos, no estaban dispuestos a dejar así las cosas. Y formaron una sociedad que no se disolvería hasta que hubiera realizado su tarea. Cuando descubrimos que el déspota derrocado se hacía pasar por este Henderson, a mí se me encargó unirme a su séquito y mantener a los demás al tanto de sus movimientos. Y lo hice, consiguiendo que me contratara como institutriz de sus hijas. Poco sospechaba Murillo que la mujer que se sentaba frente a él en las comidas era la misma a cuyo esposo había mandado al otro mundo sin darle ni tiempo para prepararse. Yo le sonreía, cumplía mis deberes con sus hijas y aguardaba el momento. Se llevó a cabo un intento en París, pero fracasó. Estuvimos viajando en zigzag de un lado a otro de Europa, para despistar a los perseguidores, y por fin regresamos a esta casa, que Murillo había alquilado cuando llegó a Europa por primera vez.