El Valle del terror
El Valle del terror Holmes se hallaba del más alegre y débonnaire buen humor.
—Querido Watson, cuando haya acabado con este cuarto huevo, estaré en condiciones de ponerle al corriente de toda la situación. No afirmo que hayamos llegado en ella hasta el fondo (ni mucho menos); pero desde el momento en que descubramos el paradero de la pesa de gimnasia que falta…
—¡La pesa de gimnasia!
—¡Por vida mÃa, Watson! ¿Es posible que usted no haya calado en el hecho de que todo el caso depende de la pesa de gimnasia desaparecida? Bueno, bueno, no existe razón para que usted sienta abatimiento, porque, entre nosotros, le diré que ni el inspector Mac ni el excelente policÃa local se han percatado de la abrumadora importancia de ese detalle. ¡Una sola pesa de gimnasia, Watson! ¿Se imagina usted a un atleta ejercitándose con una sola pesa? Seria desarrollar los músculos unilateralmente; se correrÃa el riesgo de un encorvamiento de la espina dorsal. ¡Un espanto, Watson, un espanto!