El Valle del terror
El Valle del terror —MÃster Holmes es un detective independiente —le contesté—. Obra por su propia cuenta y sólo se deja llevar de su propio criterio. Pero, al mismo tiempo, es natural que se sienta ligado por lazos de lealtad a los funcionarios que trabajan en el mismo caso y que no les oculte nada que pueda ayudarlos a llevar a un criminal ante la Justicia. Nada más puedo decir, y si ustedes desean informes más completos, lo consultaré con mÃster Holmes.
Diciendo esto, alcé mi sombrero y seguà mi camino, dejándolos sentados todavÃa detrás de aquel seto encubridor. Al doblar el extremo más alejado del mismo miré atrás, y vi que seguÃan discutiendo animadamente. Como lo hacÃan siguiéndome a mà con la mirada, era evidente que hablaban del diálogo que acabábamos de mantener. Cuando relaté a Holmes lo que acaba de ocurrir, me contestó:
—No deseo que me hagan ninguna confidencia. Nada de confidencias, Watson, porque resultan sumamente embarazosas, cuando hay que proceder a llevar a cabo una detención por confabulación y asesinato.
Holmes habÃa pasado toda la tarde en la casa solariega con sus dos colegas, y regresó a eso de las cinco al mesón, con un apetito voraz, para tomar un té muy fuerte que yo le habÃa encargado.
—¿Cree usted que el asunto acabará de ese modo? —le pregunté.