El Valle del terror
El Valle del terror —Exactamente, y por eso les pido a ustedes permiso para continuar mi paseo —les dije.
—Un momento, doctor Watson —exclamó la mujer con voz suplicante—. Hay una pregunta a la que usted podrÃa contestar con mayor autoridad que nadie en este mundo, y su contestación supondrÃa muchÃsimo para mÃ. Usted conoce a mÃster Holmes y sabe también mejor que nadie la clase de relaciones que tiene con la PolicÃa. Suponiendo que se le confiase un secreto privadamente, ¿tendrÃa él precisión absoluta de comunicárselo a los detectives oficiales?
—SÃ, de eso precisamente se trata —dijo Barker con gran ansiedad—. ¿Trabaja él por cuenta propia o lo hace en completa colaboración con ellos?
—No me creo autorizado a discutir un asunto de tal Ãndole.
—Yo le suplico. Doctor Watson, yo le imploro que lo haga, porque nos ayudarÃa usted, nos ayudarÃa muchÃsimo, sirviéndonos de guÃa en ese asunto.
HabÃa tal acento de sinceridad en la voz de aquella mujer que me olvidé por el momento de su liviandad y me sentà inclinado a favorecerla.