El Valle del terror
El Valle del terror Contesté con una frÃa inclinación, que yo creo daba a entender muy claramente la impresión que me habÃa producido.
—Nos pareció que serÃa asÃ, por lo muy conocida que es la amistad que le une a mÃster Sherlock Holmes. ¿TendrÃa usted inconveniente en acercarse a conversar unos momentos con mistress Douglas?
Seguà tras él con cara avinagrada. Estaba viendo con toda claridad de mi imaginación aquella figura destrozada y caÃda en el suelo. Y aquÃ, pocas horas después de la tragedia, estaban su esposa y su amigo más Ãntimo riéndose juntos detrás de un arbusto del jardÃn que habÃa sido el suyo. Saludé a la señora con reserva. Yo me habÃa dejado impresionar en el comedor por su dolor, y ahora respondà a su mirada suplicante con una mirada frÃa.
—¿Verdad que usted me juzga una mujer dura de corazón e insensible? —me preguntó.
Yo me encogà de hombros, y le contesté:
—Eso no es asunto mÃo.
—Quizá llegue un dÃa en que me haga justicia. Si usted pudiera darse cuenta…
—No hace ninguna falta que el doctor Watson se dé cuenta —intervino rápidamente Barker—. Tal como él mismo ha dicho, este asunto no puede ser de su incumbencia.