El Valle del terror
El Valle del terror —También yo estoy convencido de que existe entre esas dos personas una confabulación. Esa mujer es sin duda, una persona sin corazón porque de otra manera no estarÃa ahÃ, riéndose de algún chiste, a las pocas horas de haber sido asesinado su marido.
—Exactamente. Ni aun siquiera en el relato que nos hizo de los hechos brilla como esposa. Yo no soy un admirador incondicional de las mujeres como usted lo sabe bien, Watson; pero mi experiencia de la vida me ha demostrado que entre las mujeres que sienten alguna consideración por sus maridos son muy pocas las que admitirÃan que entre ellas y el cadáver de su esposo se interpusiese a conversación de ningún hombre. Si algún dÃa contraigo matrimonio, Watson, confÃo despertar en mi mujer sentimientos que le impidan que, teniendo mi cadáver caÃdo en el suelo a pocos metros de distancia de ella, se deje llevar de aquel sitio por un ama de llaves. Lo han puesto muy mal en escena. Hasta el más torpe de los investigadores se sorprenderÃa ante la ausencia de los habituales gritos de dolor, propios de las mujeres. Aunque no hubiese habido nada más, me habrÃa sido suficiente este detalle para hacerme pensar en una confabulación previamente amañada.
—De modo que usted cree definitivamente que Barker y mistress Douglas son culpables del asesinato.