El Valle del terror
El Valle del terror —Pero todo esto encaja bien dentro de sus teorÃas —le dije.
—Quizá sà o quizá no; pero oigamos el final, Mac. ¿No encontraron nada para identificar a ese hombre?
—Fue tan poco que se advertÃa a las claras que él se habÃa prevenido contra la posibilidad de que lo identificasen. No encontramos documentos o cartas, y no habÃa marca alguna en sus ropas. Sobre la mesa de su dormitorio estaba un mapa de la región para recorridos en bicicleta. Abandonó el hotel ayer por la mañana después de desayunarse, montado en su bicicleta, y ya no volvieron a oÃr hablar de él hasta que llegamos nosotros a investigar.
—Ahà tiene usted, mÃster Holmes, lo que a mà me desconcierta —dijo White Mason—. Si el tal individuo no querÃa que se armase un alboroto sobre su persona, parece lógico que hubiese regresado y permanecido en el hotel como cualquier turista inofensivo. Procediendo como ha procedido, tiene que saber que el gerente del hotel dará parte a la PolicÃa y que se relacionará su desaparición con el asesinato.
—Eso es lo que uno se imaginarÃa. Sin embargo, y hasta este momento, la realidad ha justificado sus previsiones, puesto que no ha sido apresado. Bien, ¿y esa descripción suya? Veamos.
McDonald consultó su libro de notas.