El Valle del terror
El Valle del terror —Bueno, Holmes —dijo McDonald—; cuando le hayamos echado el guante a nuestro hombre (y puede tener la seguridad de que, cinco minutos despuĂ©s de oĂr la descripciĂłn suya, la habĂa telegrafiado a todas partes) estaremos en mejores condiciones para juzgar. Aun y con todo, hemos adelantado mucho, sin duda alguna. Sabemos que un norteamericano que se hacĂa llamar Hargrave llegĂł hace dos dĂas, en bicicleta y con una maleta, a Tunbridge Wells. En la maleta habĂa una escopeta de cañones aserrados, lo cual quiere decir que Ă©l traĂa el propĂłsito deliberado de cometer el crimen. Ayer por la mañana vino a este lugar en bicicleta y trayendo su arma escondida dentro del gabán. Por lo que yo he averiguado, nadie lo vio llegar, pero no era preciso que cruzase la aldea para ir a dar en la puerta exterior del parque, y, además, son muchos los ciclistas que circulan por la carretera. Es de presumir que ocultase su bicicleta entre los arbusto de laurel inmediatamente de llegar, y quizá estuvo acechando desde aquel escondite, con la mirada fija en la casa, y esperando que saliese mĂster Douglas. La escopeta es arma extraña para emplear en el interior de una casa, pero su propĂłsito habĂa sido el emplearla en el exterior, donde tiene muchas indudables ventajas: es posible errar el tiro con ella, y los disparos de escopeta son cosa tan corriente en cualquier zona deportiva de Inglaterra que nadie repara en ellos de una manera particular.