El Valle del terror
El Valle del terror —Todo eso está clarísimo —comentó Holmes.
—Pero Douglas no se dejó ver. ¿Qué le quedaba por hacer a aquel hombre? Dejó su bicicleta y se acercó a la casa, en la media luz del crepúsculo. Se encontró con el puente bajo y sin nadie por aquellos alrededores. En vista de ello se arriesgó, llevando sin duda el propósito de excusarse de cualquier manera, si se encontraba con alguien. No ocurrió esto. Se metió furtivamente en la primera habitación que tuvo a la vista, se escondió detrás de una cortina. Desde su escondite pudo ver alzarse el puente levadizo, con lo cual no le quedaba otra vía de escape que el foso. Aguardó allí hasta las once y cuarto, momento en que apareció míster Douglas realizando su acostumbrada ronda de todas las noches. Hizo el disparo contra él y huyó, según tenía previsto. Se dio cuenta de que la servidumbre del hotel daría las características de la bicicleta, lo que constituiría una pista en contra suya; por eso la dejó en aquel lugar y se valió de algún otro medio para marchar a Londres o permanecer oculto en algún lugar previamente calculado. ¿Qué le parece esto, míster Holmes?