El Valle del terror
El Valle del terror —Pero ¿y el ciclista? Este hombre no lo hemos inventado nosotros. Poseemos la descripción de su persona, de su maleta, de su bicicleta. Ese individuo tiene que encontrarse en algún sitio. ¿Por qué no hemos de atraparlo?
—SÃ, sÃ; ese hombre se halla, sin duda, en algún sitio, y lo atraparemos, con toda seguridad; pero yo no deseo que ustedes malgasten sus energÃas en East Ham o en Liverpool. Tengo la seguridad de que podemos llegar al final por camino más corto.
—Usted se calla algo que sabe, Holmes. Eso no es portarse bien.
El inspector estaba molesto.
—Mac, usted conoce ya mis métodos de trabajo. Sin embargo, me callaré lo que sé durante el más breve plazo posible. Deseo únicamente comprobar las particularidades que conozco, y puedo hacerlo en cierto modo con gran facilidad. Después de eso haré mi saludo final y regresaré a Londres, dejándoles a ustedes en posesión de todo lo que he conseguido. Les soy a ustedes deudor de demasiadas cosas para no actuar asÃ, porque en todo el ejercicio de mi profesión no alcanzo a recordar ningún otro estudio más extraordinario e interesante.