El Valle del terror
El Valle del terror —¡Por vida mÃa! —exclamó Holmes con expresión de simpatÃa—. Vamos a ver, Mac, y usted, mÃster White Mason: yo quiero darles muyen serio un consejo. Al entrar yo en el caso que traemos entre manos puse, como ustedes recordarán sin duda, una condición, a saber: que no les presentarÃa a ustedes teorÃas a medio demostrar y que me guardarÃa mis propias ideas, trabajando sobre ellas hasta que adquiriese la seguridad de que estaba en lo cierto. Por esta razón no puedo en este instante explicarles todo lo que pienso. Por otra parte, les dije que yo jugarÃa mis cartas a su lado con lealtad, y no creo que sea hacer juego limpio consentir que ustedes malgasten ni un solo momento sus energÃas en una tarea sin provecho. He venido, pues, esta mañana para aconsejarles, y el consejo que les doy puede resumirse en tres palabras: renuncien al caso.
McDonald y White Mason se quedaron mirando atónitos a su célebre colega. El inspector exclamó:
—¿Es que usted lo considera imposible de solucionar?
—Yo considero que el caso que ustedes persiguen no tiene solución. Pero no considero imposible llegar a conocer la verdad.