El Valle del terror
El Valle del terror —Después de todo, quizá no tengan realidad sus temores y se trate sólo de su conciencia culpable. Tal vez, reconociendo su propia traición, haya leÃdo la acusación en los ojos del otro.
—Supongo que el otro será el profesor Moriarty.
—Ni más ni menos. Cuando alguno de los de esta cuartilla habla de él, puede usted sobrentender de quién hablan. Para todos ellos existe un él preponderante.
—Pero ¿qué es lo que él puede hacer?
—¡Hum! Ésa es una pregunta de mucho alcance. Las posibilidades son infinitas cuando se tiene de adversario a uno de los primeros cerebros de Europa, respaldado por todos los poderes de las tinieblas. En todo caso, es evidente que el pánico ha hecho perder la cabeza al amigo Porlock. Tenga usted la bondad de comparar la letra de la carta con la del sobre que, según nos dice, fue escrito antes de aquella visita de mal agüero. La de éste es clara y firme; la de aquélla es apenas legible.
—¿Y por qué la escribió? ¿Por qué no se limitó a dejar a un lado el asunto?
—Porque temió que, de haber optado por esto último, hiciese yo algunas averiguaciones a su respecto, ocasionándole posibles dificultades.