El Valle del terror
El Valle del terror Los cálculos de Holmes se realizaron en pocos minutos con la aparición de Billy, el botones, con la carta que estábamos esperando.
—La misma letra, —me indicó Holmes, al abrir el sobre— y esta vez está firmada —añadió con interés mientras abrÃa la epÃstola—. Vamos, vamos progresando, Watson—. Sin embargo, frunció el ceño al fijarse en el contenido.
—¡Por Dios!, esto es muy decepcionante. Me temo, Watson, que todas nuestras expectativas queden reducidas a la nada. ConfÃo en que este hombre, Porlock, saldrá sin problemas de esto.
«Estimado Mr. Holmes [decÃa]:
No iré más lejos en el asunto. Es demasiado peligroso, el sospecha de mÃ. Puedo ver que él sospecha de mÃ. Vino inesperadamente luego de que escribiese la dirección en el sobre con la intención de enviarle la clave del cifrado. Fui capaz de esconderla. Si la hubiera visto, me hubiera ido realmente mal. Pero puedo leer la desconfianza en sus ojos. Por favor queme el mensaje en cifras, que ahora ya no puede ser útil para usted».
«FRED PORLOCK»
Holmes permaneció algunos momentos retorciendo la carta entre sus dedos y frunciendo el ceño, al mismo tiempo que tenÃa la vista clavada en el fuego. Por último, dijo: