El Valle del terror
El Valle del terror Todos tenÃamos buenas razones para sumamos a esa aspiración, porque nuestra vigilia resultaba larga y cruda. Las sombras fueron espesándose poco a poco sobre los muros largos y sombrÃos de la fachada de la antigua casona. El vaho frÃo y húmedo que surgÃa del foso nos hizo castañetear los dientes. Encima del portalón de entrada ardÃa una sola lámpara, y en el fatal despacho veÃase un firme globo de luz. Todo lo demás estaba oscuro y en silencio.
—¿Cuánto va a durar esto? —preguntó de pronto el inspector—. ¿Y qué es lo que perseguimos con este acecho?
—Sé ni más ni menos lo que usted sobre el tiempo que esto va a durar —contestó Holmes con un deje de aspereza—. Todos nosotros saldrÃamos ganando con que los criminales adaptasen sus andanzas a un horario, al estilo de los ferrocarriles. En cuanto a lo de que… ¡Ahà tiene precisamente lo que perseguÃamos con este acecho!