El Valle del terror
El Valle del terror Holmes se hecho a reÃr, y dijo:
—Watson afirma siempre que yo soy el dramaturgo de la vida real. Bulle dentro de mà algo de la condición del artista que reclama con insistencia la ejecución de una escena bien montada. Nuestra profesión, Mac, resultarÃa gris y sórdida si no montáramos en ocasiones el escenario como para rodear de magnificencia los resultados que obtenemos. La acusación brusca, el brutal golpe encima del hombro; ¿verdad que no satisface semejante dénouement?. En cambio, la rápida inferencia, la trampa sutil, el prever con habilidad los hechos que van a ocurrir, la justificación triunfal de audaces teorÃas, ¿no constituyen todas esas cosas el orgullo y la justificación de la tarea de nuestras vidas? En este momento sienten ustedes el estremecimiento que producen la brujerÃa de la situación y los barruntos anticipados del cazador. ¿Qué habrÃa sido de esa emoción si yo hubiese sido tan exacto como un horario? Sólo pido un poco de paciencia, Mac, y todo resultará claro para usted.
—Bueno, espero que el orgullo, la justificación y lo demás de que nos ha hablado llegarán antes que nos hayamos muerto de frÃo —dijo el detective londinense con resignación cómica.