El Valle del terror
El Valle del terror Es joven, de cutis fresco, estatura mediana y que no ha de andarse, por lo que se ve, lejos de sus treinta años. Sus ojos son grandes, astutos, alegres y grises, y parpadean interrogadores de cuando en cuando a través de los cristales de sus gafas cuando miran a la gente que tienen a su alrededor. Salta a la vista que es hombre que gusta del trato social, que quizá tiene el ánimo sencillo y que anhela ser amigo de todos los hombres. Cualquiera lo clasificaría de golpe como hombre de costumbres gregarias, de temperamento comunicativo, de ingenio rápido y de fácil sonrisa. Pero, estudiándolo más atentamente, quizá pudiéramos descubrir cierta firmeza de mandíbula y unos labios resueltamente apretados que nos advertirían que, más allá de esas apariencias, existen profundidades, y que este joven irlandés, simpático y de pelo oscuro, es muy capaz de marcar su propia huella, lo mismo para el bien que para el mal, en cualquier sociedad que frecuente.