El Valle del terror
El Valle del terror Acababan de encender las lámparas de aceite en el vagón delantero de pasajeros, largo y desnudo, dentro del cual iban sentadas veinte o treinta personas. La mayorÃa eran trabajadores que regresaban de su diaria tarea en la parte más baja del valle. Una docena por lo menos se delataban a sà mismos como mineros, por la suciedad de sus caras y las lámparas de seguridad que llevaban. PermanecÃan sentados y grupo, fumando y conversando en voz baja, y miraban de cuando en cuando a dos hombres que habÃa en el otro lado del vagón y que eran policÃas, a juzgar por el uniforme y por las insignias. Varias mujeres de la clase trabajadora y uno o dos viajeros que podÃan pasar por modestos comerciantes locales completaban el número de los allà reunidos, a excepción de un hombre joven, aislado en un rincón. Ese hombre es el que a nosotros nos interesa. FÃjese bien el lector en él, porque se lo merece.