El Valle del terror
El Valle del terror El joven viajero contemplaba desde la ventanilla aquella triste región, y lo hacÃa con cara en la que se mezclaban la repugnancia y el interés, demostrando que aquel escenario era nuevo para él. De tiempo en tiempo sacaba del bolsillo un mapa voluminoso que él consultaba y en cuyos márgenes garrapateaba algunas notas. En una ocasión sacó de la parte posterior de su cintura un objeto, que nadie habÃa calculado encontrar en posesión de un hombre de maneras tan suaves. Ese objeto era un revólver de la marina, del calibre mayor. Cuando lo puso inclinado y la luz se reflejó en los redondeles de los cartuchos de cobre que tenÃa metidos en el tambor, se vio que estaba cargado por completo. Volvió a metérselo rápidamente en su bolsillo oculto, pero no sin que un trabajador que se hallaba sentado en el banco contiguo lo advirtiese, diciéndole:
—¡Hola, compañero! Parece usted gallo armado de espolones y preparado.
El joven se sonrió con expresión embarazosa, y contestó:
—SÃ; a veces los necesitamos en la población de donde vengo.
—¿Y de dónde viene, si se puede saber?
—Mi último lugar de residencia fue Chicago.
—¿De modo que es forastero por aqu�
—SÃ.