El Valle del terror
El Valle del terror —¡Muy bien dicho, Watson! O mucho me equivoco, o ha dado usted en el clavo. ¡Un almanaque! Veamos qué razones pueden militar en favor del Almanaque Whitaker. Es de uso general. Tiene el número de páginas requerido. Está impreso a dos columnas. Si bien es cierto que en los comienzos de ese libro su vocabulario es limitado, adopta, si mal no recuerdo, hacia el final un estilo verboso —Holmes echó mano al volumen que estaba encima de su mesa—. Aquà está la página quinientas treinta y cuatro, columna dos, que forma un macizo bloque de letras de imprenta, que trata, según veo, de las industrias y de los recursos de la India Británica. Copie las palabras en un papel, Watson. La número trece es Mahratta. No es muy prometedora para empezar, creo yo. La número ciento veintisiete es Gobierno, que tiene por lo menos sentido junto con la anterior, aunque ninguna relación tenga con el profesor Moriarty y con nosotros. Vamos con otra. ¿Qué hace este Gobierno de Mahratta? ¡Malo! La palabra siguiente es cerdas. ¡Aquà morimos, mi querido Watson! Se acabó.
Holmes se expresaba en tono de broma, pero la contracción de sus cejas tupidas delataba desengaño e irritación. Yo permanecÃa sentado, mirando al fuego con un sentimiento de desamparo y desolación. El largo compás de silencio fue roto por una repentina exclamación de Holmes, que se precipitó hacia un armario, del que salió con otro volumen de cubiertas amarillas en la mano.