El Valle del terror
El Valle del terror —Sufrimos, Watson, el castigo de vivir demasiado al dÃa —exclamó—. Nos adelantamos a nuestro tiempo y lo pagamos con el castigo corriente. Como estamos en el dÃa siete de enero, hemos buscado, como era lógico, en el nuevo almanaque. Es más que probable que Porlock tomó su mensaje del viejo. Nos lo habrÃa dicho si hubiese llegado a escribir la carta explicativa. Veamos ahora qué es lo que nos reserva la página quinientas treinta y cuatro. La palabra número trece es Un, que resulta más prometedora. El número ciento veintisiete es peligro… Un peligro… —los ojos de Holmes centelleaban de excitación, y sus dedos delgados y nerviosos temblaban mientras iba contando las palabras— puede. ¡Ajajá! ¡MagnÃfico! EscrÃbalo, Watson. «Un peligro puede… sobrevenir… muy… pronto… cierto…». Ahora viene la palabra «Douglas»…, «rico… provincias… vive… ahora… Birlstone… House… Birlstone… confidencia… es… apremiante». ¡Ya lo tenemos Watson! ¿Qué me dice usted ahora del puro razonar y de sus frutos? Si el verdulero vendiese coronas de laurel, mandarÃa a Billy a comprar una.
Yo no quitaba la vista del sorprendente mensaje que habÃa garrapateado en una hoja de folio sobre mi rodilla a medida que Holmes lo iba descifrando.
—¡Qué manera más curiosa e imperfecta de dar a entender lo que quiere! —dije yo.