El Valle del terror
El Valle del terror —Pues razones para ello no te faltan.
—¿Qué diablos quiere decir con eso? —bramó, apretando los puños.
—No, no, Jack; conmigo no valen fanfarronadas. Yo fui oficial de PolicÃa en Chicago antes de venir a esta condenada carbonera, y cuando veo a un pÃcaro de Chicago lo reconozco.
McMurdo puso cara de desaliento, y exclamó:
—No querÃa usted decirme que es Marvin, el de la Central de PolicÃa de Chicago.
—El mismo viejo Teddy Marvin, para servirte. Por allà no nos hemos olvidado de la muerte a tiros de Jonas Pinto.
—Yo no lo maté.
—No, ¿eh? Esas palabras son una prueba imparcial y de valor, ¿verdad que s� Pues su muerte te vino que ni de encargo para que no te echasen el guante por hacer circular la pacotilla. Bueno, después de todo, lo pasado, pasado está. Además, y entre nosotros (aunque quizá me exceda en mis obligaciones al decirlo), no consiguieron pruebas con que acusarte, y puedes volver mañana mismo a Chicago si te place.
—Estoy bien donde estoy.
—Bueno, te he dicho lo que hay, y eres un perro arisco si no me das las gracias.