El Valle del terror
El Valle del terror —Es usted pájaro madrugador, mÃster Mac —le dijo—. Le deseo suerte para atrapar su gusano. Supongo que esto quiere decir que algo malo ha ocurrido.
—Si en vez de decir supongo, hubiera usted dicho espero, creo, mÃster Holmes, que habrÃa andado usted más cerca de la verdad —contestó el inspector con una sonrisa comprensiva—. Bien, quizás un trago servirÃa para echar fuera el crudo frÃo de la mañana. No; fumar, no, gracias. Tendré que seguir rápidamente mi camino, porque las primeras horas de un caso resultan preciosas, como nadie mejor que usted sabe. Pero…, pero…
El inspector se calló de pronto y clavó su vista, atónito, en una hoja de papel que habÃa encima de la mesa. Era la misma en que yo habÃa garrapateado el enigmático mensaje.
—¡Douglas! —tartamudeó—. ¡Birlstone! ¿Qué significa esto, mÃster Holmes? ¡Por vida mÃa, que esto es cosa de brujerÃa! Por todo lo más sagrado, ¿de dónde sacó usted esos nombres?
—Es un mensaje cifrado que el doctor Watson y yo hemos tenido ocasión de solucionar. Pero ¿qué de malo les ocurre a esos nombres?
El inspector nos miró primero al uno y luego al otro con asombro desconcertado, y dijo:
—Nada más que esto: mÃster Douglas, de la casa solariega de Birlstone, ha sido horriblemente asesinado esta mañana.