El Valle del terror
El Valle del terror Holmes explicó en breves frases al inspector todo lo referente a la carta y al mensaje cifrado. McDonald le escuchaba con la barbilla apoyada en las manos y con sus grandes cejas rubias apretadas en amarilla maraña.
—Yo me marchaba esta mañana a Birlstone —dijo—, y habÃa venido para preguntarle si tenÃan inconveniente en acompañarme usted y su amigo. Pero, por lo que usted me dice, quizá trabajarÃamos con mayor utilidad en Londres.
—No lo creo —dijo Holmes.
—¡Al diablo todo, Holmes! —exclamó el inspector—. Dentro de un par de dÃas los periódicos vendrán llenos de relatos del misterio de Birlstone; pero ¿dónde está el misterio si hay en Londres una persona que anunció el crimen antes que ocurriese? No tenemos que hacer sino echarle el guante a ese hombre, y lo demás vendrá por sà mismo.
—Sin duda, Mac; pero ¿de qué manera se propone usted echarle el guante al llamado Porlock?
McDonald examinó la carta que Holmes le habÃa entregado.
—Echada al correo en Camberwell; con eso no adelantamos mucho. Dice usted que se trata de un nombre supuesto. Tampoco es gran cosa como punto de arranque. ¿No dijo usted que le habÃa enviado dinero?
—En dos ocasiones.
—¿De qué manera?