El Valle del terror
El Valle del terror —Es un amigo mÃo, y yo respondo de su conducta —dijo el mandamás.
—En todo caso, mÃster McGinty, quizá tenga usted que responder cualquier dÃa de estos de la suya propia —le contestó el capitán de PolicÃa—. Este McMurdo era un maleante antes de venir a esta población, y un maleante sigue siendo. Guardias, apuntadle mientras yo lo desarmo.
—Ahà tiene mi revólver —dijo con frialdad McMurdo—. Quizá, si estuviésemos los dos solos y cara a cara, no me prenderÃa tan fácilmente, capitán Marvin.
—¿Dónde está la orden de detención?… —preguntó McGinty—. ¡Por vida de…, que da igual vivir en Rusia o en Vermissa estando la PolicÃa mandada por hombres como usted! Esto es una agresión capitalista, y creo que no va acabar ahà la cosa para usted.
—Consejero, cuÃdese de cumplir usted con su obligación lo mejor que pueda. Nosotros nos cuidaremos del cumplir con la nuestra.
—¿De qué se me acusa? —preguntó McMurdo.
—De estar complicado en la paliza que dieron al viejo director Stanger en la Redacción del Herald. No es culpa de usted que la acusación no sea de asesinato.