El Valle del terror
El Valle del terror Pero si se había ganado el favor de sus compañeros, lo había perdido entre otras personas, que suponían algo más vital para él. El padre de Ettie Shafter no quiso ya más tratos con McMurdo y le negó la entrada a la casa. Ettie, por su parte, se hallaba poseída de un amor demasiado profundo hacia McMurdo para romper con él por completo; pero su buen sentido le advertía cuáles serían las consecuencias de una boda con un hombre considerado como criminal. Cierta mañana, y después de una noche de insomnio, la joven tomó la resolución de entrevistarse con él, quizá por última vez, para realizar una fuerte tentativa que lo arrancase de las malvadas influencias que lo arrastraban hacia abajo. Se presentó en su casa, tal como él se lo había suplicado muchas veces, y entró en la habitación que él empleaba como cuarto de estar. Estaba McMurdo sentado delante de una mesa, vuelto de espalda a la puerta y con una carta delante. Ettie solo tenía diecinueve años, y la acometió súbitamente la comezón de hacer una diablura propia de muchacha. McMurdo no la había oído cuando ella abrió la puerta. Avanzó, pues, de puntillas, y puso suavemente su mano sobre sus hombros, inclinados hacia adelante.