El Valle del terror
El Valle del terror Empezaba a romper el día, y una hilera de trabajadores marchaban lentamente, aislados y en grupos, por el ennegrecido sendero.
McMurdo y Scanlan caminaron con los demás, sin perder de vista a los hombres a quienes iban siguiendo. Una espesa bruma cerníase sobre ellos, y del corazón de la misma brotó de pronto el súbito chillido de una sirena de vapor. Era la señal que se daba diez minutos antes que descendiesen las jaulas y empezase la labor del día.