El Valle del terror
El Valle del terror Ninguno de ellos conocía a la víctima, pero en esto del matar hay un drama eterno, y aquellos hombres habían demostrado a los Camorreros de Gilmerton que los hombres de Vermissa eran gente en la que se podía fiar. Les ocurrió un contratiempo, porque, cuando estaban descargando sus revólveres contra la víctima silenciosa, llegaron en su coche un hombre y una mujer. Alguien apuntó la idea de matarlos a los dos, pero se trataba de gente inofensiva y sin relación alguna con las minas; por ello se limitaron a ordenarles con severidad que siguiesen viaje y guardasen silencio, no sea que les fuera a ocurrir a ellos algo peor. Dejaron, pues, allí el cuerpo manchado de sangre como una advertencia para los patronos tan duros de corazón como él, y acto continuo los tres magníficos vengadores se metieron a toda prisa en las montañas, donde la Naturaleza todavía virgen llega hasta el borde mismo de los hornos y de las escombreras.