El Valle del terror
El Valle del terror HabÃa sido aquél un gran dÃa para los Camorreros. La sombra se habÃa cernido más negra todavÃa por encima del valle. Pero de la misma manera que un general inteligente aprovecha el momento de la victoria para redoblar en sus esfuerzos, a fin de no dar tiempo a sus enemigos para rehacerse después del desastre, asà también el mandamás McGinty, contemplando el escenario de sus actividades con ojos pensativos y malignos, habÃa planeado un nuevo ataque contra sus adversarios. Aquella misma noche, cuando la concurrencia medio ebria se disolvió, McGinty tocó a McMurdo en el brazo y lo condujo a la misma habitación interior en que habÃan celebrado su primera entrevista.
—Vamos a ver, muchacho —le dijo—. Por fin tengo un trabajo que es digno de ti: encomendaré su ejecución a tus manos.
—Me enorgullece oÃrselo decir —contestó McMurdo.
—Puedes tomar contigo dos hombres: Manders y Reilly. Se les ha dado ya el aviso de servicio. En este distrito no lograremos nunca que marchen las cosas bien hasta que se le hayan arreglado las cuentas a Chester Wilcox, y te ganarás el agradecimiento de todas las logias de la región carbonÃfera si consigues tumbarlo.
—Por lo menos, haré cuanto de mà dependa. ¿Quién es él y dónde lo encontraré?