El Valle del terror
El Valle del terror —En la casa habrá dos mujeres y los niños. ¿Han de volar también?
—No hay más remedio, porque, de otro modo, nada se puede hacer contra él.
—Parece la cosa dura por lo que respecta a ellas, que no han hecho ningún mal.
—¿Qué manera de hablar es ésta? ¿Es que te echas atrás?
—Poco a poco, consejero, poco a poco. ¿Me ha oÃdo decir alguna vez o hacer cosa que le permita pensar que yo me echo atrás cuando recibo un mandato del gran maestre de mi propia logia? Si es justo o si es injusto, es cosa que usted tiene que decidirla.
—¿Lo harás entonces?
—Naturalmente que sÃ.
—¿Cuándo?
—Bueno, creo que serÃa preferible que me diese una o dos noches para que yo pueda ver la casa y trazar mis planes. Después…
—Perfectametne —dijo McGinty, estrechándole la mano—. A tu cargo lo dejo; será un gran dÃa aquel en que nos traigas la noticia. Es precisamente el golpe final que los hará caer a todos de rodillas delante de nosotros.