El Valle del terror
El Valle del terror —¿Qué hay con eso?
—Salta a la vista.
—¿Usted quiere decir, verdad, que tiene grandes ingresos y que éstos no pueden ser de procedencia legal?
—Exactamente. Eso sin contar con que tengo otras razones para pensarlo; docenas de tenues hilos que conducen de una manera vaga hacia el centro de la tela de araña en que acecha el venenoso animal. Si he traÃdo a cuento lo del Greuze ha sido para situar el tema dentro del alcance de la propia visión de usted.
—Pues bien, Holmes: reconozco que eso que dice resulta interesante. Más que interesante: asombroso. Pero veamos si puede usted concretar un poco más el asunto. ¿Falsificador, monedero falso, ladrón de casas? ¿De dónde procede el dinero?
—¿No ha leÃdo usted nada referente a Jonatham Wild?
—El nombre me suena. Algún personaje de novela, ¿verdad? A mà me interesan poco los detectives de las novelas. Son hombres que hacen las cosas sin permitir ver a uno cómo se las arreglan para hacerlas. Eso es inspiración, no cosa profesional.
—Jonatham Wild no era detective y tampoco es personaje de novela. Era un consumado criminal que vivió en el siglo pasado, allá por el año mil setecientos cincuenta.