El Valle del terror
El Valle del terror —Venerable maestre —dijo con voz solemne—, pido hablar para una cuestión de urgencia.
—El hermano McMurdo pide la palabra para una cuestión de urgencia —dijo McGinty—. Según los reglamentos de la logia, esta petición tiene precedencia. Te escuchamos, hermano.
McMurdo sacó la carta del bolsillo, y dijo:
—Venerable maestre y hermanos, hoy soy portador de una mala noticia, pero es preferible que la conozcáis y la discutáis antes que descarguen sobre nosotros de improviso un golpe que serÃa nuestra destrucción. He sido informado de que las organizaciones más poderosas y ricas de este Estado se han coligado para destruirnos y que en este mismo instante se encuentra en este valle un detective de Pinkerton, un tal Edwards el Pajarraco, dedicado a recoger pruebas como para echarnos a muchos de nosotros el dogal al cuello y para enviar a cuantos se encuentran aquà reunidos a un presidio. Tal es la noticia para cuya discusión he solicitado la urgencia.
Reinó en la sala un silencio de muerte, que fue roto por la presidencia, preguntando:
—¿Cuáles son las pruebas que tiene de lo que afirma, hermano McMurdo?