El Valle del terror
El Valle del terror —Ése fue nuestro primer pensamiento. Pero vea esto —Barker descorrió la cortina, y entonces se vio que la ventana de paneles en forma de diamante hallábase abierta de par en par—. ¡Y vea esto! —acercó la lámpara portátil y alumbró una mancha de sangre, que parecÃa tener la forma de la suela de una bota, sobre el marco de madera de la ventana—. Alguien puso aquà el pie para salir fuera.
—¿Quiere usted decirme que alguien vadeó el foso?
—Eso mismo.
—Pues entonces, si usted se encontraba aquà a los treinta segundos de cometido el crimen, el criminal tenÃa que encontrarse en el agua.
—No me cabe la menor duda. ¡Pluguiera a Dios que me hubiese precipitado hacia la ventana! Pero la cortina la ocultaba, como puede usted ver, y no se me ocurrió semejante idea. Oà después los pasos de Mistress Douglas, y yo no podÃa dejar que entrase aquÃ. HabrÃa sido demasiado horrible.
—¡Ya lo creo que es horrible! —dijo el doctor, contemplando la cabeza destrozada y las terribles señales qué tenÃa impresas—. Desde el choque ferroviario de Birlstone no he visto heridas tan atroces.